Las personas se crean y se transforman… o se destruyen

Cuando alguien me pregunta cómo evaluar la madurez del proceso de transformación digital en una compañía, sólo hago una pregunta: “¿Cuánta gente sería capaz de sacar su trabajo adelante sin utilizar ni el correo electrónico ni el Excel?”. Y ése es el mejor indicador que puede darnos una idea del grado de digitalización de la misma, y que conste que soy usuario de ambas herramientas.

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Recientemente, contactó conmigo una empresa de selección porque estaban buscando “un perfil en el que encajas perfectamente”. Al preguntarle cómo me habían localizado, me contestó que en Infojobs. Le dije que lo sentía mucho, y que me llamara en unos años cuando se hubiera inventado la máquina del tiempo para conseguir volver al año 2002, ya que -probablemente- haya sido la última vez que actualicé mi perfil en dicha página. Me dijo que no pasaba nada, que aun así les interesaba mi perfil, algo que me sonó un poco raro pues mis competencias en 14 años han cambiado “un poco” (unas para mejor, otras para peor). En cualquier caso, le dije que podía consultar mi perfil en LinkedIn y me contestó: “¿Por qué no me lo envías en formato Word?”.

He de reconocer que podría haber sido peor si me lo pide en WordPerfect 5.1 (habría tenido que desempolvar una disquetera, arrancar un Amstrad 64…), pero simplemente esta forma de acercarse a mí me hizo estar poco predispuesto a escuchar cualquier oferta que pudiera hacerme, por muy tentadora que fuera.

Extracto del artículo publicado en la revista de AUSAPE de diciembre de 2016.

Se busca personal sin miedo al compromiso

El uso intensivo de la tecnología es uno de los factores más determinantes que han llevado a una nueva forma de trabajar: en cualquier momento y desde cualquier lugar.

Evidentemente, esto no es aplicable a cualquier actividad profesional. Si trabajo en una fábrica haciendo tornillos, tendré que seguir acudiendo cada día a la fábrica y ocupar mi puesto en la cadena de producción para que salgan estos tornillos… al menos hasta que las impresoras 3D despeguen de manera definitiva.

Pero si hablamos de trabajos de oficina, en un gran porcentaje, dichas labores no requieren de una ubicación física concreta y puede que no tengan por qué atenerse a un determinado horario, mientras se alcancen los objetivos deseados.
 
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Todo esto nos lleva a plantearnos una nueva forma de trabajar y de relacionarnos con la empresa y el trabajador. Adiós a las relaciones a largo plazo, en las que nos prometíamos fidelidad eterna hasta que la jubilación nos separase… siempre que no hubiera antes una separación vía finiquito o baja, porque se nos “acaba el amor”.

Ahora nos encontramos en las empresas a personas de diversas generaciones, con intereses e inquietudes muy variadas, y tenemos que cambiar la forma de relacionarnos con ellos para adecuarnos a sus necesidades y expectativas, consiguiendo a su vez que ellos den lo mejor de sí mismos, mientras dure “la relación”.

(Extracto del artículo publicado en bspreviews en marzo de 2015)

Millennials y demás tribús

En los años 90, eramos JASP (Jóvenes Aunque Sobradamente Preparados) o eso nos quiso hacer creer una conocida marca de coches, en el lanzamiento de unos de sus modelos dirigido al público juvenil.

Ahora dicen que tenemos la generación de jóvenes mejor preparada de la historia, aunque curiosamente no hay ninguna universidad española entre las 200 mejores del mundo y tenemos una tasa de paro juvenil del 57,7%… pero no seamos pesimistas y pongamos cada uno un poco de nuestra parte para salir de esta: ya sabéis, es cuestión de hacer circular el dinero (Circulen, circulen…).

En cualquier caso, lo que es cierto es que en la realidad laboral actual estamos conviviendo 3 generaciones, con cualidades, actitudes e intereses muy distintos… son las llamadas: BabyBoomers (1945-1964), GeneraciónX (1965-1980) y Millennials (1982-2000). Y la empresa que no sepa adaptarse a este entorno, está condenada a morir.

Los de la GeneraciónX hace tiempo que nos dimos cuenta que nuestra vida laboral no iba a consistir en estar 50 años en una sucursal bancaria (la misma, of course), hasta que llegara el momento de la cena de jubilación y entrega del reloj de oro correspondiente, como paso previo al desparrame de viajes a costa del IMSERSO, gracias a las cotizaciones religiosamente aportadas durante todos esos años.

El futuro de los Millennials puede que sea incierto, pero lo que es una realidad es que aún está por hacer y que nos tenemos que saber adaptar a su presente. No tiene sentido intentar gestionar una empresa sin tener en cuenta las inquietudes y necesidades de las personas que forman la misma.

Una de las características principales de esta generación es el uso intensivo de la tecnología y ese será uno de los factores claves dentro de la guerra por la gestión del talento que vamos a vivir durante los próximos años. Si yo no tengo una empresa «tecnológicamente atractiva», será complicado atraer/retener a los mejores profesionales. En nuestras manos está seguir de espaldas a esta realidad o dar los pasos necesarios para adecuarnos a la misma.

Siempre he pensado que un empleado satisfecho es el mejor comercial y el mejor técnico de selección de una compañía, por lo que yo tengo claro cuál sería mi opción… 😉

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