No hay ruedas para tanto coche

Tras años de recesión, la venta de automóviles se ha disparado en los últimos años y los fabricantes se encuentran con un problema: no son capaces de satisfacer las demandas de los clientes.

Y el problema principal es la falta de ruedas.

Durante los años anteriores, cuando el mercado estaba más parado, los fabricantes de automóviles decidieron dejar de comprar y/o fabricar ruedas, limitándose a reparar las que tenían ya a disposición de sus clientes.

“¿Para qué voy a tener ruedas en el almacén si los clientes no me compran coches?”, argumentaban los fabricantes.

“No sé, quizás tener alguna rueda en stock te podría permitir ofrecer alguna prestación adicional a tu cliente o quizás estar preparado por si en algún momento se vuelve a incrementar la demanda”, pensábamos algunos.

Y, poco a poco, el mercado se ha ido levantando… y llega el momento en el que los clientes demandan más coches… y tú tienes tú fábrica a punto para empezar a sacar coches pero te das cuenta de que los coches llevan ruedas y además 4.

Y llamas a tus proveedores de ruedas y te dicen que su capacidad de producción es la que es y que además, como en los últimos años no les hacías pedido, el stock es mínimo.

Entonces decides llamar a todos los proveedores de ruedas…y te encuentras la misma respuesta.

En vista de eso, se te ocurre la solución mágica: en lugar de que una persona llame a todos los proveedores, que sean 5 personas las que llamen… pero, como no puede ser de otra forma, la respuesta es la misma: no hay ruedas suficientes.

Llegado a ese punto, piensas en fabricar tus propias ruedas, pero te das cuenta de que eso implica un coste y lleva un tiempo… o en incentivar a algunos de los proveedores para que haga ruedas para ti… pero tienes miedo de que la competencia después te mangue esas ruedas.

Y aquí es donde aparecen soluciones imaginativas como intentar vender coches con 3 ruedas, reaprovechar ruedas sin un mínimo reciclaje, quitar las ruedas de un coche cuando está parado y ponérselas a otro, exprimir al máximo la vida útil de las ruedas por encima de lo recomendado…

También hay quien piensa en quitar las ruedas a los coches actuales y ponerlas en los nuevos… hasta que caen en que los coches actuales tienen que seguir circulando y que es posible, muy posible, que algunas de esas ruedas no sirvan para los coches de hoy, sin un mínimo proceso de adaptación.

Cualquier cosa, menos decirle al cliente que no puedes entregarle su coche a tiempo porque no tienes ruedas suficientes y perder una venta.

Eso sin entrar en que el cliente puede que quiera los neumáticos de un F1 para ponerlos en un Fiat Panda… porque tú no eres quien para llevarle la contraria al cliente, si quiere gastarse su dinero en unos neumáticos que no necesita, él sabrá por qué. Si fuera al revés, sería otra cosa…

Y cuando te estás frotando los dedos por esa venta que vas a hacer, te das cuenta de que quiere los de F1 pero al precio de los del Panda, y tú en un alarde de “profesionalidad” le dices que sí, “porque para que venga otro y se los venda a ese precio, lo hago yo”.

Y una vez cerrado el acuerdo, que sean los mecánicos los que se pongan a buscar esas ruedas que no existen, que tu trabajo ya está hecho.

Y así nos va.Y lo peor está por venir… 😉

El verdadero valor del precio

Hace poco, en una conversación informal con alguien que trabaja en un cliente final, me decía que no estaba muy contento con el servicio que le prestaba una consultora y añadió: “aunque, claro, con lo que les debemos pagar”.

Y he aquí uno de los grandes problemas a los que nos enfrentamos actualmente: si seguimos compitiendo por precio y considerando ese factor cómo el más relevante, estamos condenados al fracaso.

El cliente porque no obtendrá nunca el resultado esperado. Bueno, puede que finalmente sí, pero a base de cambios de alcance, ampliaciones y costes añadidos.

La consultora porque es imposible que le salgan los números (aunque hay algunas por ahí que llevan años sobreviviendo con esa política de “tirar precios”), especialmente ahora donde el personal cualificado no es que sobre precisamente, lo cual lleva un incremento de costes asociado.

Volviendo a la conversación con el cliente, me dijo también: “es que antes teníamos 15 personas de la consultora X y ahora tenemos 100 de la consultora Y, y el trabajo no sale porque los 15 de antes hacían/sabían más que los 100 de ahora”.

¿Qué es más barato un consultor que cobra 100 €/h o uno que cobra 20 €/h? Evidentemente, DEPENDE… del tiempo que tarde en solucionarte el problema y la calidad de dicha solución.

Pero eso, por desgracia, no se suele medir… o se mide pero a posteriori, en el mejor de los casos. Lo que llega al departamento de Compras son 3 propuestas que se supone que cumplen los requisitos técnicos y entonces sólo entra el juego el precio, ya que además este suele ser el factor de mayor peso a la hora de ponderar una oferta.

He visto casos en los que llegaba hasta un 80%, por lo que difícilmente tu oferta va a poder salir ganadora si no es por precio, ya que técnicamente aunque sea brillante no va a tener margen para obtener una ventaja significativa sobre las otras.

Y, aunque todos sabemos que las cosas no pueden seguir así, nadie hace nada por cambiarlas. Miento, algunos se han dado cuenta y se han puesto manos a la obra: Adif deja de contratar solo por precio y pondera la oferta técnica

Lo cierto es que todos sabemos que hay que cambiar cosas (no ofrecer tarifas “absurdas”, no presentar ofertas temerarias…), pero seguimos mirando para otro lado y no nos damos cuenta de que vamos directos a la tormenta perfecta de la transformación digital.

Y no porque lo diga yo, sino porque lo dicen también unos señores muy listos, como los de Davos: La tormenta perfecta que sufrirá el empleo en cinco años, según los sabios de Davos

Entonces, ¿qué? ¿Vas a hacer algo o vas a seguir sin graduarte las gafas para poder ver la realidad con claridad? 😉

De la teoría a la práctica

“Hay que saber decir no”… “es imposible aprenderlo todo”… “no conviertas un problema de otros en un problema tuyo”… los que me conocéis, probablemente me habréis escuchado decir alguna de estas frases más de una vez.

Bueno, los que me conocéis en el ámbito profesional, los que me conocéis de otros tiempos, probablemente, me habréis oído más la de “¿la última y nos vamos?”, pero de eso hace ya muchos años… 😉

El caso es que tanto unos como otros sabéis bien que una cosa es la teoría y otra es la práctica.

No siempre decimos “no” a todo lo que deberíamos, nos apuntamos a cosas a las que no le vamos a poder dedicar tiempo suficiente o nos encontramos en medio de situaciones que podríamos haber evitado y terminan dándonos más dolores de cabeza de los necesarios… como “la penúltima”… 😉

Todos nos sabemos muy bien todas esas teorías que nos cuentan en los libros de autoayuda, pero una cosa es saber qué deberíamos hacer y otra muy distinta hacerlo.

Evidentemente, hay métodos y técnicas que te pueden ayudar a cumplir con alguna de esas teorías, pero de nada sirven todas esas herramientas si tú no eres el primer convencido de su utilidad.

De todo lo que he leído y probado, creo que lo más efectivo es el poder de los hábitos: ser capaz de hacer algo de manera rutinaria, hasta interiorizarlo y hacerlo sin que te cueste esfuerzo. Como, por ejemplo, aprender a conducir.

El primer día que me subí a un coche pensé: “¿cómo voy a ser capaz de mirar a todos estos espejos, a la carretera y encima conducir?”. Al cabo de un tiempo, te subes al coche y no tienes que pensar nada más que en conducir, porque has sido capaz de automatizar todas las acciones… ¿cómo? A base de repetir y repetir.

Porque no nos engañemos, si quieres aprender algo, necesitas practicar… y cuanto más lo hagas, probablemente, mejor serás en esa disciplina.

Esto, por supuesto, en lo que a ti te compete, porque en lo que no puedes influir es en la capacidad de los otros… y he aquí el otro gran problema que veo en esto de la efectividad.

Por muy bien que conduzcas tú y mucho que practiques, incluso haciendo cursos de reciclaje o pilotaje avanzado, siempre vivirás rodeado de gente que no sabe utilizar los intermitentes, y eso terminará afectando a tu efectividad, ya que no conducimos solos en un circuito cerrado, sino que tenemos que interactuar con el resto de automóviles.

Hace unos años participé en unos talleres de mindfulness, ya sabéis aquello de estar consciente en el momento presente y demás, y lo cierto es que muchas de las cosas que contaron yo ya las aplicaba (o lo intentaba) de manera intuitiva, pero lo que veía más complicado era hacer que lo aplicaran la gente que me rodea: compañeros, jefes, clientes…

En cualquier caso, lo que tengo claro es que si no empiezas por uno mismo y predicas con el ejemplo, no tiene sentido pedirle nada a los demás, que de esos también hay unos cuantos…

¿Y a qué viene esta entrada? Pues simplemente porque me he dado cuenta de que llevaba 2 semanas sin publicar nada y eso me ha llevado a pensar que estaba perdiendo el hábito de escribir… y eso que hay un montón de cosas interesantes que he ido recopilando en estas semanas, pero no he llevado a la práctica alguna de las frases que comentaba al inicio del post y después pasa lo que pasa…

Tranquilos, ya estoy de vuelta… y prometo “castigaros” con nuevos artículos.

No os aburro más, ¿la última y nos vamos? 😉

GDPR: ¿cómo lo lleváis?

Imagino que os habréis pedido 2 ó 3 días de vacaciones para poder leer detenidamente todas las políticas de privacidad y de tratamiento de datos que habéis recibido los últimos días, ¿no?

Estaba claro que nos iba a pillar el toro y eso que avisé con tiempo… 😉

No me digáis que os estáis limitando a marcar la casilla correspondiente y darle a “enviar” sin leer nada, porque esto se trataba de poner todo claro y meridiano para que nadie se llevara a engaño, ¿no?

Bueno, creo que esa parte del reglamento (lo de saber qué datos cedes y para qué) no va a suponer ningún avance, ya que me da que muchos estamos haciendo algo similar a lo indicado en el punto anterior.

Lo que sí tiene más sentido es el poder acceder de manera clara en cualquier momento a los datos que tienen de ti y poder solicitar la baja o el borrado inmediato. ¿Conseguiremos con esto que no nos despierte de la siesta los comerciales de telefonía?

¿Yo qué he hecho? Pues nada, porque todo esto no va conmigo… a ver, me explico… La gente que sigue el blog recibe un mail cada vez que publico una entrada y en dicho mail le aparece siempre la opción de darse de baja.

La única información que tengo es el mail de suscripción, que es algo que hace el mismo WordPress.com y con dichos mails no hago ningún tipo de tratamiento. Por lo tanto, me dijeron que no tenía que hacer nada.

Si a eso le unimos que esto no tiene ningún tipo de beneficio económico, creo que podré arriesgarme a que me quiten el 4% de 0 €.

En cualquier caso, creo que todos los mails que estamos recibiendo debería ser más claritos, como por ejemplo:

  • Recibes este mail porque estás suscrito a las actualizaciones del blog http://www.aancos.com
  • La única información que tengo tuya es el mail donde recibes un aviso cada vez que publico una entrada nueva y en el que puedes encontrar un enlace para darte de baja de forma inmediata.
  • Y si has hecho algún comentario, también queda registrado tu mail.
  • No hago ningún tipo de tratamiento con esa información, aún así, si quieres que elimine cualquier rastro, sólo tienes que enviarme un mail a aancos@gmail.com

Esto es más fácil de entender que los “testamentos” que no están enviando… os dejo, que tengo que seguir haciendo “scroll” y “click”… 😉

¿Dónde vas? Manzanas traigo

Transcripción literal de un mensaje de voz que recibió ayer mismo un compañero (y, sin embargo, amigo) de una alumna a la que formó (en un programa oficial de los homologados por SAP) el verano pasado:

Buenos días, xxxx… me acaban de llamar para trabajar con SuccessFactors.

Me han dicho que buscaban del módulo HCM, pero la plataforma de SuccessFactors.

Entonces yo le he dicho que de SuccessFactors no tengo conocimientos, pero me han preguntado que si es más o menos lo mismo, que no tenían ni idea de lo que era… ¡y me preguntan a mí!

Me dicen: ‘¿es más o menos parecido al SAP que tú tienes?’.

Y he dicho: ‘pues no lo sé, lo tengo que preguntar’.

Entonces, te digo… ¿yo ahora mismo podría trabajar de consultora SuccessFactors con el SAP que tengo?

Venga, pues nada, sigamos avanzando cuesta abajo y sin frenos hacia la tormenta perfecta.

Y así, señores, es cómo se empieza para terminar haciendo proyectos a 30 €/hora o menos… 😉

Formación y aprendizaje: ¿es lo mismo?

En la entrada de ayer me quedó pendiente puntualizar algo y aquí estoy… 😉

Lo primero, voy a responder a la pregunta que planteo en el título: no, no es lo mismo. Probablemente, nunca lo ha sido, pero en los tiempos que corren mucho menos.

Necesitamos desaprender muchas cosas y aprender muchas nuevas, no que nos formen. Es decir, no me apuntes a mil cursos que yo no te he pedido, déjame que aprenda lo que quiero/necesito para desempeñar mi trabajo. Parece que es lo mismo, pero realmente no tiene nada que ver.

Ejemplo concreto: compro una licencia de SAP Learning Hub (2.500 €/año), se la asigno a un consultor y le digo lo de “luego no te quejes, que con eso tienes acceso a más de 3.000 manuales, si no aprendes es porque no quieres”… Consultor al que tengo asignado al 100% (cuando no al 120%) en varios proyectos, por cierto.

Me surgen varias preguntas:

  • ¿Realmente crees que esa persona va a aprovechar algo esa “inversión”?
  • ¿Alguien puede necesitar 3.000 manuales?
  • ¿En qué momento del día le va a poder dedicar tiempo?

Quizás, si le preguntaras al empleado, preferiría dedicar esos 2.500 € a un curso concreto que necesita para su proyecto o a mejorar su nivel de inglés o a conocer una tecnología emergente… el coste sería el mismo, pero… ¿qué es más efectivo? ¿Cuándo aprenderá más?

¿Entonces pasamos de la formación online y nos dedicamos a sacar nuestro catálogo de formación como hemos hecho (porque todos formáis a vuestra gente, ¿no?) toda la vida? Yo no he dicho eso, lo que he dicho es que, antes de hacer nada, preguntes… algo tan simple como “¿qué necesitas?”

No se trata simplemente de facilitar herramientas (llámese SAP Learning Hub, llámese catálogo de formación interna), se necesita espacio y tiempo para poder facilitar y consolidar el aprendizaje. Y, evidentemente, eso tiene un coste, que alguien tiene que soportar y con tarifas a 30/h la hora, esto es un poco heavy… 😉

Una vez que yo tengo claro eso (no es sólo cuestión de herramientas, hay que facilitar el entorno de aprendizaje), vamos con lo otro: esas herramientas, su precio y el valor que aportan.

Y lo hago con un tema muy concreto y sobre el que me preguntáis alguna vez: la formación en SuccessFactors.

Si te quieres formar en SuccessFactors, deber hacerlo directamente con SAP o con un centro de formación homologado (otro día hablaré de esto, que también tiene tela este asunto). Creo que a día de hoy, en España, no hay ningún centro que ofrezca un programa de SuccessFactors (supongo que lo habrá en breve), por lo que la opción es hacerlo con SAP.

Aquí tengo 3 opciones:

  • SAP Learning Hub: hay una edición especial para soluciones de recursos humanos (1.500 €/año), que te da acceso a todos los cursos en formato electrónico y 10 horas de acceso a sistema con SAP Live Access.
  • Formación VLC (Virtual Live Classroom): formación en remoto, con un instructor que te da soporte, en sesiones de 3 h/día, sobre cosas que previamente has debido ver por tu cuenta. Ya sabéis, formato . Coste aproximado, para un curso de 2 semanas: 3.500 €.
  • Formación presencial: se van haciendo convocatorias de los distintos cursos, en diferentes fechas, con duraciones de 5 a 15 días, 6 h/día, dependiendo del módulo y un coste aproximado de 3.500 €/semana.

Si nos fijamos sólo en el precio, está claro que SAP Learning Hub es lo más económico, por 1.500 € puedo hacer todos los cursos, pero… ¿realmente necesitas hacerlos todos?, ¿vas a ser capaz de dedicarle el tiempo necesario?, ¿sólo con el manual y 10 horas de sistema le vas a sacar provecho?

La formación VLC me obliga a ceñirme a las fechas y horarios en los que se convoquen, cuento con el soporte de alguien, pero sigo teniendo la misma limitación con el tema de acceso a sistemas para poder practicar.

La formación presencial es más cara, puede obligarme a desplazarme y también me tengo que ajustar a las fechas ofrecidas, pero a cambio me da la posibilidad de tener un sistema para practicar directamente durante toda la formación y a interactuar de manera mucho más directa con el instructor.

Bien, supongamos entonces que el dinero no es problema (es una suposición), ¿qué opción os recomendaría?

Primero, haría una formación presencial y después compraría una licencia de Learning Hub. Esa formación presencial os dará la capacidad suficiente para “aprender a aprender”, para saber cómo “meterle mano” a todo el material que tenéis en el Learning Hub y os dará acceso a una instancia para practicar.

Como hemos supuesto que el dinero no es problema, compraría también una licencia de Certification Hub (500 €/año) y me certificaría en el módulo en el que me he formado presencialmente, para poder tener la posibilidad de pedir luego una instancia de demo, para consolidar el resto de formaciones que iría haciendo con el Learning Hub. Si no tengo la posibilidad de “tocar” el sistema, veo muy complicado consolidar el aprendizaje.

Y terminando con lo que me ha traído hasta aquí, a día de hoy, si quiero ser un consultor certificado de SuccessFactors estoy obligado como mínimo a obtener una certificación (vía certificación presencial o vía Certification Hub) y tener licencia de SAP Learning Hub para poder hacer los exámenes delta. Es decir, hacer un desembolso anual de 2.000 €… y, como en la vida real el dinero si es un problema, toca echar cuentas 😉

¿2.000 € es mucho dinero? Depende. Si luego voy a facturar 100.000 €, no; si voy a facturar 10.000 €, sí.

¿Debería ser más barato? Sí, probablemente sí. Si la tendencia ahora va a ser esta (te certificas y tienes que hacer actualizaciones trimestrales), probablemente habría que racionalizar el precio de esto… 2.000 €/año para una consultora mediana (supongamos 200 trabajadores) supondría un desembolso de 400.000 €/año, algo difícilmente sostenible, especialmente haciendo proyectos a 30 €/h… 😉

Ya, pero es que no hace falta certificar a los 200, porque realmente con certificar a 5, mi empresa ya es reconocida como “certificada”… claro, claro… y luego esos 5 consultores son los que hacen todos los proyectos, ¿verdad?

Volvemos al tema de los conductores del que hablaba hace unos días… ¿realmente es admisible conducir sin carné? No, y lo sabes, pero tampoco sería admisible que para mantener el carné de conducir me viera obligado a pagar 2.000 € todos los años, ¿verdad?

Busquemos una solución intermedia: vale, yo me comprometo a certificar a TODOS mis consultores y a mantener vigentes dichas certificaciones, pero… a un precio más razonable.

Ahí lo dejo… 😉

¡Esto es muy heavy!

Al hilo de un comentario de la entrada anterior, alguien comentaba que el hecho de obligarnos a tener que estar actualizados en las últimas versiones de SuccessFactors era un poco heavy… y lo es… aunque creo que hay cosas más heavies.

La semana pasada se publicó en Expansión un artículo en el que hablaban sobre cuál es el sueldo de los profesionales de IT. Si nos fijamos en el salario que se le adjudica a un profesional SAP en Madrid es de 43.000 €.

Por supuesto, al tratarse de un valor medio, hay que gente por debajo y por encima de ese salario, pero supongamos que cuando nos presentamos a un proyecto sucede lo mismo: habrá perfiles altos, medios y bajos, por lo que podríamos decir que ese es el salario medio del equipo.

Si a ese salario, le sumamos el coste que le supone a la empresa (Seguridad Social, infraestructura, beneficios sociales, provisión por despido…), la cifra se puede incrementar, aproximadamente en un 60% más, con lo que nos iríamos a los 68.800 €.

Es de suponer, que ese consultor medio se cogerá 1 mes de vacaciones al año y que, siendo optimistas, puede que le tengamos 1 mes más “parado” en la oficina… entre proyecto y proyecto, mientras el cliente te adjudica el proyecto y empiezas realmente a “producir”, etc… es decir, que tenemos que dividir ese coste entre 10 meses, lo que nos da un coste mensual de 6.880 €.

Supongamos que trabajamos 20 días al mes y 8 horas a la semana (más bien que facturamos eso, lo que trabajamos es probable que sea “algo más”, si dividimos el coste (6.880 €) entre los días (20) y las horas (8) nos da un coste por hora de 43 €.

Es decir, al final vemos que el coste por hora del consultor es su salario bruto dividido por 1.000 o, lo que es lo mismo, (lo entenderéis hasta los de letras), que su salario bruto es 1.000 veces lo que paguen por él a la hora.

Por supuesto, son grandes números y habrá gente que me discuta si el 60% de costes empresariales que meto sobre el salario es algo alto (echad cuentas y no se puede ajustar mucho más) o que estoy suponiendo que las jornadas facturadas anuales son pocas (160), pero estoy seguro que muchos firmaríamos si nos aseguraran eso a final de año para todos nuestros consultores.

El caso es que, siguiendo con el ejemplo, si tomamos los 43.000 € del artículo como referencia de un salario medio SAP y vemos que el coste de ese salario es de 43 €/h, ¿cómo es posible que luego se adjudiquen proyectos por 30 €/h?

Evidentemente, porque o el equipo no está suficientemente cualificado o porque está sobrecargado de trabajo, con lo cual la calidad se verá afectada, sí o sí.

Y no he metido en ningún momento, la variante de la formación… si tengo que formar a mi equipo, para que se recicle y/o esté actualizado, es a base de horas que no factura, aparte de los costes implícitos de la formación.

Ah, y además creo que uno de los objetivos de una empresa es ganar algo de dinero, no sólo cubrir costes… un detalle sin importancia que se me había pasado… 😉

En resumen, que lo que a mí me parece realmente sorprendente es que haya clientes que piensen que pueden tener un servicio de calidad pagando 30 €/h… ¡eso sí que es heavy!

Por lo tanto, volviendo al comentario que ha dado pie a todo esto, me parece correcto (con matices, que escribiré en otro artículo) el estar obligado a permanecer actualizado, pero siempre que todos seamos conscientes de lo que esto supone.

Como ya he dicho en alguna ocasión, todo sería más sencillo si fuéramos todos más honestos… 😉

PD.- Punto y minipunto para quien conozca el nombre del grupo de la foto que aparece en el artículo.