Storytelling: que no te cuenten cuentos

La semana pasada, siguiendo uno de mis propósitos de primeros de año (el de APRENDER) participé en un taller de Storytelling organizado por BLC, con el objetivo de mejorar mi capacidad de comunicación y la verdad es que fue una gran experiencia, gracias a los participantes (profesionales de RR.HH. y Marketing) y al facilitador de la sesión (Julius Lamb).

¿Pero esto del Storytelling de qué va? Básicamente, se trata de aplicar ciertas técnicas a la hora de comunicar que permitan que tu mensaje llegue de una manera clara y no sólo eso, sino que pueda ser recordado por tu audiencia. Como cuando le cuentas un cuento a un niño, jugando con los detalles, las pausas, las sorpresas, los giros… pero sin que aparezca el matiz negativo que puede tener la palabra “cuento” en castellano.

No se trata de contar cuentos ni películas de miedo, va más de contar historias… de comunicar.

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Y para eso hay una serie de técnicas que se pueden aplicar y que no os voy a desvelar, ya que lo interesante de esto no es la teoría, sino la práctica. La única forma que hay de aprender algo es haciéndolo muchas veces: la primera no te saldrá muy bien, ni la segunda, pero con el paso del tiempo irás mejorando esa práctica y pasado un tiempo serás capaz de dominarla. ¿O alguien se veía capaz de conducir la primera vez que se subió a un coche y vio tantos espejos?

A lo largo del día, escuchamos alguna historia, analizamos la estructura de las mismas y creamos nuestros propios “cuentos”; uno en grupo y otro de manera individual, con el objetivo de analizar luego cómo lo habíamos hecho. Hubo de todo: historias personales, de superación, fantasiosas, escatológicas… todas con el nexo común de que fueron improvisadas en pocas horas, dejando ver como todo el mundo tiene su lado creativo, aunque alguno no lo crea.

Curiosamente, muchos de mis compañeros eran del mundo de Recursos Humanos y al presentarme como consultor tecnológico (creo que dije “consultor en sentido común”, pero luego lo expliqué un poco), concretamente al mencionar la palabra “SAP” se escucharon varios gritos en la sala (y no precisamente de admiración) y pasé a ser visto como “el enemigo” 😉

De hecho, a la hora de hacer el ejercicio individual, una de mis compañeras dijo: “No vale, tú tienes ventaja… porque si eres capaz de vender SAP, eres capaz de vender cualquier cosa”. Aunque ya aclaré que yo nunca he vendido SAP (eso se lo dejo a los profesionales), yo suelo vender algo más “fácil”: CONFIANZA.

Venga, os dejo el video del ejercicio final, se trataba de construir una historia, con una duración de entre 1 y 2 minutos sobre algo relacionado con tu trabajo:


 
Por supuesto, se admiten críticas/comentarios… Iremos mejorando con el tiempo 😉

La empatía: ¿un mal necesario?

Hace unos meses participé en una clase universitaria en la que me ofrecí como conejillo de indias para que los alumnos me entrevistaran y responder a sus inquietudes sobre aspectos de la vida laboral. No pretendía ser ejemplo de nada, simplemente hablamos de ciertas circunstancias vividas y lo que me habían aportado.

Después, en base a mis respuestas, el profesor (buen amigo) les pidió que intentarán decir algo positivo y algo negativo, en base a mis respuestas. Sinceramente, no recuerdo bien lo que contestaron, pero sí lo que dijo él: “Como positivo, diría que es muy empático… y como negativo, que es muy empático”.

La parte positiva de la respuesta la enfocó en que me era fácil ponerme en el lugar de los demás, lo que facilitaba el entendimiento de las necesidades del otro y generaba confianza; en lo negativo, argumentó que a veces un exceso de empatía provoca que no sepa “mantenerme en mi sitio”.

No es mi intención discutir su opinión, ya que es la opinión de otro y como tal es respetable (¿veis que empático soy?), pero lo cierto es que en lo que se refiere a la empatía, personalmente veo siempre muchos más aspectos positivos que negativos.

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Por supuesto, en esto, como en la mayoría de las cosas, hay opiniones para todos los gustos: gente que cree la empatía está bien pero no es necesaria, otros que creen que te puede hacer ser un mejor líder o que la falta de la misma te puede hacer perder dinero

Y, por último, me gustaría que leyerais este artículo que recoge la filosofía de Bill McDermott, CEO de SAP, sobre la empatía aplicada a los equipos de ventas: How SAP’s CEO Redefined Sales Management Using Empathy

“If we could just finally put all this collective passion together for the common good, not just the team but everybody on the team, we would be the best. It turns out, it worked every time.”

¿Y tú, empatizas? ¿Eso es bueno o malo? 😉

Las personas se crean y se transforman… o se destruyen

Cuando alguien me pregunta cómo evaluar la madurez del proceso de transformación digital en una compañía, sólo hago una pregunta: “¿Cuánta gente sería capaz de sacar su trabajo adelante sin utilizar ni el correo electrónico ni el Excel?”. Y ése es el mejor indicador que puede darnos una idea del grado de digitalización de la misma, y que conste que soy usuario de ambas herramientas.

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Recientemente, contactó conmigo una empresa de selección porque estaban buscando “un perfil en el que encajas perfectamente”. Al preguntarle cómo me habían localizado, me contestó que en Infojobs. Le dije que lo sentía mucho, y que me llamara en unos años cuando se hubiera inventado la máquina del tiempo para conseguir volver al año 2002, ya que -probablemente- haya sido la última vez que actualicé mi perfil en dicha página. Me dijo que no pasaba nada, que aun así les interesaba mi perfil, algo que me sonó un poco raro pues mis competencias en 14 años han cambiado “un poco” (unas para mejor, otras para peor). En cualquier caso, le dije que podía consultar mi perfil en LinkedIn y me contestó: “¿Por qué no me lo envías en formato Word?”.

He de reconocer que podría haber sido peor si me lo pide en WordPerfect 5.1 (habría tenido que desempolvar una disquetera, arrancar un Amstrad 64…), pero simplemente esta forma de acercarse a mí me hizo estar poco predispuesto a escuchar cualquier oferta que pudiera hacerme, por muy tentadora que fuera.

Extracto del artículo publicado en la revista de AUSAPE de diciembre de 2016.

Cambio de año, cambio de etapa

Con el inicio de año y pasados más de 4 años y medio de mi incorporación a SCL, ha llegado el momento de dar por finalizada esa etapa en mi vida profesional. ¿Por qué? Porque han pasado varios años y muchas cosas (o pocas) y era el momento adecuado.

En estos años he tenido la oportunidad de trabajar junto a grandes profesionales y con los que espero colaborar en un futuro, pero desde otro ámbito. Y, por supuesto, me llevo también grandes PERSONAS, que es lo que realmente importa.

¿Y ahora qué voy a hacer? Básicamente, lo mismo de siempre pero siendo consciente de que todo ha cambiado. En tres palabras:

  • APRENDER: lo mucho que me queda por saber, de todo aquel que me quiera/pueda enseñar.
  • ENSEÑAR: lo poco/mucho que sé y lo que pueda aprender en este tiempo, a todo aquel que se deje y quiera colaborar.
  • COLABORAR: con todo aquel al que pueda aportar algo y me pueda aportar a mí.

Sencillo, ¿no?

Antes de empezar con lo que está por venir, una breve reflexión sobre el pasado.

Con mi salida de SCL, invité a mis compañeros a que me dijeran una cosa positiva (a mantener/potenciar) y una negativa (a corregir/mejorar); ya que creo que es importante ser consciente de lo que piensan/opinan los demás… a veces lo que tú piensas de ti, lo que crees que piensan los demás y lo que realmente piensan, tiene poco que ver.

Y estos fueron los resultados, sobre lo que debería mantener/potenciar…wordcloud

… y lo que debería corregir/mejorar.wordcloud

Esto me dice que tengo que seguir haciendo algo más, con pasión y gente… y en ellos estamos 😉

De momento, voy a fijarme 3 objetivos para este año, cosas concretas y fáciles de medir/comprobar dentro de 1 año:

  • Escribir más de 120 entradas en el blog (este año he publicado 52).
  • Conseguir trabajar con 3 clientes nuevos (clientes con los que no haya trabajado nunca).
  • Tener más de 60.000 visitas en 2017 (en 2016 fueron 50.985).

Lo primero depende únicamente de mí; en las otras dos, entráis vosotros en juego, ¿me ayudáis a conseguirlo? Me da que este año nos vamos a divertir… 😉

¡Feliz 2017!

¿Cuánto cobras? ¿Es mucho o poco?

En el siguiente video hablan de los beneficios de conocer el salario de tus compañeros, con el fin de poder saber si estás bien pagado o no, entre otras cosas, y aunque soy un firme defensor de la transparencia no tengo muy claro si es una práctica que se pueda llevar a cabo en todas las empresas.


 
Personalmente, nunca he negociado un salario comparándome con otros ni he permitido que nadie lo negociara así conmigo. Me da igual lo que ganen los demás, intento pedir algo acorde con el valor que puedo aportar a la compañía; y lo mismo a la hora de retribuir a alguien: cada uno debe ganar en función de lo que aporte o genere.

Recuerdo una vez que alguien que dependía de mí se sintió agraviado porque a él le tocó realizar una labor que le reportaba menos ingresos que a otro compañero y vino a pedirme explicaciones sobre porqué no podía realizar él ese trabajo. El proyecto era para un cliente brasileño y el idioma de trabajo era inglés. Le escuché atentamente y sólo le hice una pregunta: “¿Sabes hablar inglés y portugués como tu compañero?”. No hubo más preguntas.

Volviendo al tema, creo que puede ser positivo el tema de conocer los salarios, pero no sólo eso: salarios, objetivos, rendimiento, evaluaciones… Algo demasiado utópico quizá, pero lo que es evidente es que no podemos seguir trabajando como si estuviéramos en los años 70, debemos trabajar por objetivos, trabajar menos y trabajar mejor ; es decir, trabajar para vivir y no vivir para trabajar.

Evidentemente, si tengo una cadena de montaje donde la gente únicamente aprieta tuercas, puedo quitar a una persona y poner a otra, pero si me dedico a vender conocimiento, la cosa es algo más compleja… 😉

¿Y tú, te consideras bien pagado?