Pegado a una pantalla

«Mis hijos» (las comillas las entendéis los que me conocéis personalmente) me dicen muchas veces que me paso la vida pegado a una pantalla: del ordenador al iPad, y si no con el iPhone. Bueno, eso y «te pasas el día trabajando».

Esto último no es verdad, pero lo primero tampoco… ¡ya me gustaría!

He estado analizando mi comportamiento y creo que me paso el día pegado a varias pantallas, como mínimo 2.

Si estoy trabajando, estoy con el portátil  y el móvil al lado porque seguro que alguien te llama o «guasapea».

Bajo a comer, mientras miro las noticias en el iPad y aprovecho para decir algo en alguno de los múltiples grupos de «guasap» en los que han decidido incluirte tus amigos, más que nada para que sepan que sigues vivo.

Venga, vamos a ver a ese cliente… la pantalla del navegador me guía, mientras atiendo alguna que otra llamada con el manos libres.

De vuelta a casa, veo la tele un rato, con el móvil al lado, por si surge cualquier duda poder tirar de Google.

Bueno, vámonos a la cama, habrá que coger el iPad, darle un poco al «Apalabrados», mientras «retuiteo» algo con el iPhone y a dormir.

Antes leía un poco antes de dormir, ahora me falta tiempo con tanta pantallita.

Lo bueno es que ahora he ganado espacio en la mesilla, en lugar de hacer torres de libros pendientes, los almaceno en la memoria de mi e-book.

Sinceramente, hemos perdido el norte… 😉

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