Pago muchas suscripciones.
Demasiadas, probablemente.
Algunas las utilizo todos los días; otras, de vez en cuando; y seguramente haya alguna que continúa renovándose discretamente porque todavía no he encontrado el momento de preguntarme para qué demonios la contraté.
Pero casi todas funcionan de una manera bastante sencilla: pagas una cantidad por utilizar un producto durante un periodo determinado y, cuando llega el vencimiento, decides si quieres continuar.
Hasta aquí, todo razonable.
Ahora imaginemos una suscripción que cuesta 360 euros al año.
La contratas, utilizas el producto y, doce meses después, la renuevas.
El producto sigue costando 360 euros para cualquier persona que lo contrate por primera vez. No han añadido ninguna prestación especial a tu cuenta, no recibes más servicios ni disfrutas de condiciones exclusivas por permanecer.
Simplemente continúas utilizando exactamente lo mismo.
Sin embargo, a ti te cobran más.
¿Por qué?
Por haber renovado.
Sí, has leído bien.
No es que te mantengan un precio antiguo más ventajoso. No es que el precio público haya aumentado y tú estés parcialmente protegido frente a esa subida. El precio para contratar el producto continúa siendo el mismo, pero tú pagas más porque decidiste quedarte.
Una «magnífica» forma de premiar la fidelidad.
El misterio de los 360 euros
Tenemos cuatro suscripciones activas desde 2024.
Este año me dio por revisar la factura y descubrí que las cifras no coincidían con el precio que tenía como referencia.
Entré en la página del producto para comprobar si había cambiado.
No había cambiado.
La suscripción sigue costando 360 euros.
Así que el 16 de junio abrí una reclamación para plantear una pregunta aparentemente sencilla:
Si la suscripción cuesta 360 euros, ¿por qué la factura tiene un importe superior?
No parecía una investigación especialmente complicada.
Tenemos una factura, un contrato y un precio público. Solo hay que comparar las cantidades y explicar la diferencia.
Pero durante las semanas siguientes comenzó una pequeña aventura administrativa: correos enviados a distintos servicios, respuestas que no aclaraban la cuestión y enlaces a aplicaciones desde las que supuestamente podía consultar el estado de la incidencia.
Digo «supuestamente» porque varios de esos enlaces no funcionaban.
Después de cruzar decenas de mensajes, alguien consiguió resolver el misterio: el contrato contempla un incremento anual del 3,3 %.
En una de las primeras explicaciones se hizo referencia al IPC.
Cuando finalmente pude revisar el contrato, comprobé que no se trataba de una actualización según la variación real del IPC, sino de una subida fija anual del 3,3 % aceptada en el momento de contratar.
Un pequeño matiz.
El IPC puede subir, bajar o quedarse donde está, pero ese 3,3 % te lo comes.
Dos meses para encontrar una cláusula
Para justificar el incremento me enviaron una captura de pantalla con la cláusula correspondiente.
Intenté acceder al contrato desde el portal del fabricante, pero allí no estaba disponible.
También recibí enlaces desde el área de gestión de cobros que, una vez más, no me permitían consultar correctamente la información; eso sí, me advertían de que me iban a bloquear la cuenta.
Así que tuve que pedir expresamente que me enviaran el contrato.
Cuando finalmente lo recibí y pude revisarlo, allí estaba la cláusula.

Habían transcurrido aproximadamente dos meses desde que planteé la pregunta.
DOS MESES.
Decenas de correos.
Varios departamentos.
Aplicaciones que no funcionaban.
Enlaces que llevaban a ninguna parte.
Todo para localizar unas líneas en un contrato y explicarme una subida fija del 3,3 %.
Supongo que si esta empresa fuera una «Empresa Autónoma», todo habría sido más sencillo… 😉
La fidelidad tiene un precio
Lo sorprendente no es únicamente que exista una subida anual.
Muchos productos revisan sus tarifas y los contratos suelen incluir cláusulas que permiten actualizar los precios. Eso puede ser perfectamente comprensible.
Lo difícil de entender es lo que sucede cuando el precio de una nueva contratación continúa siendo de 360 euros.
Si alguien contrata el producto por primera vez, paga 360 euros.
Si un cliente mantiene su suscripción, se le aplica el incremento anual.
Por tanto, quien continúa termina pagando más que quien llega nuevo.
¿A cambio de qué?
De nada adicional.
Mismo producto. Mismas condiciones de uso. Mismo precio público de partida. Distinta factura.
La renovación no proporciona un descuento, una mejora contractual o una protección frente al incremento general del precio.
Proporciona la «comodidad» de pagar cada año un poco más.
Curiosa forma de decir: «gracias por seguir con nosotros».
Cuando renovar deja de tener sentido
La situación sería muy diferente si el precio general del producto hubiera subido.
Imaginemos que una nueva contratación hubiese pasado de 360 a 450 euros. En ese caso, podría tener sentido conservar a los clientes anteriores en su tarifa original y aplicarles únicamente una revisión anual del 3,3 %.
El nuevo cliente pagaría 450 euros y quien renovase seguiría pagando algo menos gracias a las condiciones de su contrato inicial.
Eso sí sería una ventaja.
Eso es algo que hacen en muchos servicios de suscripción: van incrementando el precio cada cierto tiempo, previa comunicación, no en una cláusula por ahí «perdida».
Otros mantienen el precio original de entrada, aumentando el precio del producto a los nuevos suscriptores.
En este caso, cuando el precio base continúa siendo de 360 euros, el mecanismo funciona al revés: quien conserva el contrato acaba pagando más que quien empieza desde cero.
No parece precisamente el mejor incentivo para renovar.
De hecho, produce el efecto contrario: convierte en más razonable dejar caducar la suscripción y volver a contratarla cuando sea necesaria.
Un procedimiento absurdo, pero aparentemente más económico que permanecer.
La sorpresa estaba en la factura
Todo lo anterior podría parecer un ejemplo inventado sobre cómo no debería gestionarse una suscripción.
Pero se trata de una experiencia real.
Tenemos cuatro licencias contratadas desde 2024. Este año, mientras el precio publicado para una nueva suscripción seguía siendo de 360 euros por usuario, nuestra factura incluía el incremento anual previsto en el contrato.
El año pasado también fue así, pero no lo revisé.
La cláusula existe y aceptamos esas condiciones al contratar.
Por tanto, no cuestiono que se pueda aplicar el incremento recogido en el contrato.
De hecho, pagué la factura inmediatamente, cuando tuve la respuesta a mi pregunta… dos meses después, eso si.
Lo que cuestiono es que tenga algún sentido renovar cuando el precio público del mismo producto continúa siendo el original y la renovación no aporta ninguna ventaja adicional.
Así que…
Revisa tu licencia de SAP Learning Hub
No sé cuántos clientes y partners habrán renovado sus licencias sin detenerse a comparar el importe de la factura con el precio actual.
Yo tampoco lo hice durante varios años.
Tampoco puedo afirmar que todos los contratos incluyan exactamente las mismas condiciones. La edición contratada, el país, la fecha del pedido o el acuerdo comercial pueden modificar las cláusulas aplicables.
Por eso, antes de la próxima renovación, conviene revisar:
- El precio inicial de la licencia.
- Los importes de las facturas posteriores.
- La cláusula de incremento anual incluida en el contrato.
- El precio actual de una nueva suscripción.
- La fecha límite y las condiciones para cancelar la renovación.
- Si existe alguna ventaja real por conservar el contrato.
Nosotros ya hemos tomado una decisión: el próximo año no renovaremos automáticamente las licencias.
Dejaremos que finalice la suscripción y quien necesite una licencia podrá pedirla. En ese momento comprobaremos el precio disponible y la modalidad que interese contratar.
Porque pagar un 3,3 % más cada año por seguir utilizando el mismo producto, mientras alguien que llega nuevo puede contratarlo por el precio original, me parece sencillamente: A-CO-JO-NAN-TE.
Soy un usuario intensivo de SAP Learning Hub y me parece un producto excelente, como he dicho en muchas ocasiones, lo que no quita que el proceso de renovación me parezca discutible y mejorable… o lo que he dicho en el párrafo anterior 😉
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