Utilizo inteligencia artificial todos los días para preparar formaciones, programar, investigar, crear contenidos, estudiar y entender documentos que, en ocasiones, parecen redactados para que nadie los comprenda.
Trabajo principalmente con tres ecosistemas: OpenAI, Anthropic y Google.
Dentro de ellos utilizo ChatGPT, Codex, Claude, Claude Code, Gemini y NotebookLM, tanto en la web como mediante las aplicaciones de escritorio.
No tengo un reparto rígido. Voy probando, intercambiando herramientas y, muchas veces, enfrentando unas con otras para comparar los resultados.
Una sofisticada estrategia tecnológica conocida como «con esta me funciona mejor».
Cada herramienta para una cosa
Para redactar textos suelo preferir ChatGPT. Algún artículo del blog, como este mismo, los comienzo aquí, aunque luego los voy adaptando.
Otros no, otros los escribo yo desde cero. Creo que es más evidentente, si me conoces un poco.
Claude me resulta especialmente útil para trabajar con proyectos e instrucciones permanentes. Lo utilizo para diseñar formaciones, preparar la newsletter y ejecutar procesos que se repiten.
Con código recurro principalmente a Claude Code, aunque últimamente también estoy haciendo bastantes cosas con Codex, que ha mejorado mucho.
NotebookLM lo utilizo para consolidar información procedente de distintas fuentes, investigar y generar resúmenes, infografías e incluso alguna presentación. Sus infografías me gustan especialmente.
A veces comienzo el trabajo en una herramienta y lo continúo en otra. Puedo preparar una oferta con ChatGPT y diseñar después la formación con Claude. También puedo pedir una solución a varias herramientas y comparar qué propone cada una.
No busco decidir cuál es la mejor en términos absolutos. Me interesa saber cuál me resulta más útil para cada tarea.
De tres horas a poco más de media
Uno de los ejemplos más claros es la edición y publicación de «Hablamos de SAP».
Después de grabar un episodio hay que incorporar la sintonía y los textos, generar la miniatura, redactar las descripciones para YouTube y Spotify y preparar la entrada para la web.
Antes podía tardar unas tres horas. Ahora tengo un proyecto en Claude con instrucciones permanentes. Le proporciono la grabación, el título, los participantes y los textos que deben aparecer, y me devuelve todas las piezas como borradores para revisar.
Ahora me lleva alrededor de media hora.
Esto también puede permitirme recuperar «Memorias de un consultor», un podcast que lleva parado unos tres años. No me quedé sin cosas que contar. Lo que me daba pereza era todo lo que había que hacer después de contarlas.
Y ya sabemos que algunos proyectos se dejan para la semana siguiente y, de repente, han pasado tres años.
La newsletter que llevaba dos años amenazando con publicar
La IA también me ha ayudado a poner en marcha una newsletter que llevaba dos años prometiendo —o amenazando— con lanzar.
Tengo una base de datos en Notion que se alimenta mediante una extensión del navegador. Allí guardo artículos, vídeos, herramientas y enlaces interesantes.
Recopilar información nunca ha sido el problema. En eso soy tremendamente productivo.
El problema era revisarla, ordenarla y convertirla en algo útil.
Ahora puedo dictar una reflexión y pedir a Claude que busque en Notion los contenidos relacionados, agrupe los enlaces por temas y prepare una propuesta con la estructura que he definido: una reflexión principal, cinco contenidos destacados y materiales propios relacionados.
Yo aporto las ideas, los criterios, la selección definitiva y el tono. La IA reduce el trabajo mecánico, que muchas veces es lo que nos bloquea… durante años.
A veces la productividad no consiste en hacer algo más rápido.
Consiste en conseguir hacerlo por fin.
Si quieres apuntarte, es aquí: «No Lo Sabemos Todo».
Formaciones, código y prototipos
Utilizo la IA para preparar temarios, ejercicios, datos, código, soluciones, documentación y presentaciones.
Le proporciono los objetivos, la duración, la documentación oficial, materiales anteriores y las características del entorno SAP. La herramienta genera una primera propuesta y después vamos iterando.
La exactitud técnica, el nivel de dificultad y el enfoque didáctico siguen dependiendo de mí. La IA puede generar veinte ejercicios en pocos minutos, pero también puede generar veinte ejercicios mal planteados con una eficacia admirable.
Con el código ocurre algo parecido. Utilizo principalmente Claude Code, y cada vez más Codex, para generar, explicar, corregir y refactorizar desarrollos relacionados con ABAP, RAP, CDS, UI5, CAP, BTP o integración.
Ahora llego mucho antes a una primera prueba y puedo experimentar con tecnologías que antes habría descartado por falta de tiempo.
Por supuesto, las herramientas fallan, mezclan versiones e inventan elementos. En ocasiones también defienden la solución equivocada con una seguridad que ya querrían muchos consultores.
Por eso hay que ejecutar, revisar y entender lo que generan.
Investigar, escribir y aprender
ChatGPT me ayuda a investigar, estructurar artículos y trabajar sobre borradores. NotebookLM me permite reunir documentos, enlaces y vídeos, hacer preguntas sobre el conjunto y generar resúmenes, infografías o presentaciones.
También utilizo la IA para traducir mensajes, revisar contratos y facturas, analizar capturas y estudiar. Puedo repreguntar, solicitar otro ejemplo o pedir que la explicación se adapte a mi contexto.
Un buscador devuelve resultados.
La IA permite conversar sobre ellos.
Este mismo artículo es un ejemplo. Yo he ido contando lo que quería explicar y hemos añadido, eliminado y resumido apartados hasta acercarnos al resultado que buscaba.
La IA ha ayudado a ordenar y redactar. Las experiencias, la opinión, y el tono siguen siendo míos.
Dejar todo eso a la herramienta habría producido probablemente otro artículo sobre cómo «la inteligencia artificial está revolucionando nuestra forma de vivir y trabajar».
Y ya tenemos suficientes.
¿Y la inteligencia artificial de SAP?
Apenas he hablado de Joule y del resto de propuestas de inteligencia artificial de SAP.
No ha sido un olvido.
Yo no utilizo esas herramientas en mi trabajo diario. Sin embargo, necesito conocerlas porque mis clientes quieren saber qué está disponible, qué pueden probar, cuánto cuesta y qué se puede hacer realmente.
No les interesa que les repita una presentación comercial.
A día de hoy todavía puedo probar pocas capacidades y lo que he probado no me aporta suficiente valor para incorporarlo a mis procesos, aunque me pueda solucionar alguna tema doméstico…
Seguiré formándome y evaluando estas opciones a medida que estén disponibles y maduren. Cuando puedan utilizarse en escenarios reales, podré explicar dónde aportan valor.
Por ahora puedo hablar de anuncios, demostraciones y hojas de ruta.
Pero este artículo trata sobre cómo utilizo la IA hoy. Y, de momento, Joule apenas forma parte de esa historia.
Podría trabajar sin IA
Podría hacer todas estas tareas sin inteligencia artificial porque las he hecho durante años.
Sé preparar una formación, programar, escribir un artículo, editar un podcast e investigar documentación. Esa base me permite valorar los resultados y detectar cuándo la herramienta se equivoca.
La IA no sustituye mi experiencia. Me ayuda a acelerar el proceso, eliminar tareas repetitivas y reducir el tiempo entre una idea y un primer resultado.
Pago las suscripciones básicas de ChatGPT, Claude y Gemini. Con el tiempo que ahorro, están más que amortizadas.
Por eso me sorprende que algunas personas esperen resolver problemas profesionales utilizando únicamente versiones gratuitas. Sirven para conocer las herramientas y realizar pruebas, pero los proyectos, los archivos, el contexto y los procesos repetibles tienen un coste.
Queremos que la IA nos ahorre horas.
Pero, a ser posible, gratis.
Luego nos sorprende que haya límites.
No quiero hacer seis veces más
Mi objetivo no es utilizar el tiempo ahorrado para producir sin descanso.
Si antes tardaba tres horas en publicar un episodio y ahora tardo media, no significa que tenga que publicar seis.
Quiero recuperar proyectos, trabajar con menos fricción y hacer mejor las cosas que ya hacía, manteniendo la calidad y mi tono personal.
El tiempo ahorrado puede servirme para probar una tecnología o terminar una idea pendiente.
También puede servirme para tener más tiempo libre.
Una aplicación de la inteligencia artificial bastante disruptiva.
Utilizo la IA para esto
- Editar y publicar Hablamos de SAP y recuperar Memorias de un consultor.
- Convertir los enlaces que acumulo en una newsletter estructurada.
- Preparar ofertas, formaciones, ejercicios, datos y documentación.
- Programar y experimentar con tecnologías nuevas.
- Investigar, consolidar fuentes y crear contenidos.
- Entender documentos y estudiar mediante una conversación.
- Evaluar la IA de SAP para contar qué puede hacerse realmente.
Podría hacer todo esto sin inteligencia artificial.
La diferencia es que ahora puedo hacerlo en mucho menos tiempo. No necesariamente para hacer más, sino también para vivir un poco mejor.
Y, para quienes temen que la IA vaya a dejarles sin trabajo mañana, tranquilidad: todavía queda mucho camino para que pueda sustituir el conocimiento, el criterio y la experiencia de una persona.
Al final, la IA solo acelera lo que ya tenemos debajo; si los procesos están mal definidos y ni siquiera sabemos cómo queremos trabajar, lo único que conseguiremos será hacer mucha mierda, pero bastante más rápido.
Y, a pesar de todos los avances y las últimas noticias que han aparecido, sigo pensando muy parecido a lo que comenté hace tres años en este artículo:
Pero, claro, una cosa es que lo diga yo y otra que lo diga un reputado autor de frases motivadoras… 😉

Un comentario sobre “Cómo utilizo la inteligencia artificial en mi día a día”