De la teoría a la práctica

“Hay que saber decir no”… “es imposible aprenderlo todo”… “no conviertas un problema de otros en un problema tuyo”… los que me conocéis, probablemente me habréis escuchado decir alguna de estas frases más de una vez.

Bueno, los que me conocéis en el ámbito profesional, los que me conocéis de otros tiempos, probablemente, me habréis oído más la de “¿la última y nos vamos?”, pero de eso hace ya muchos años… 😉

El caso es que tanto unos como otros sabéis bien que una cosa es la teoría y otra es la práctica.

No siempre decimos “no” a todo lo que deberíamos, nos apuntamos a cosas a las que no le vamos a poder dedicar tiempo suficiente o nos encontramos en medio de situaciones que podríamos haber evitado y terminan dándonos más dolores de cabeza de los necesarios… como “la penúltima”… 😉

Todos nos sabemos muy bien todas esas teorías que nos cuentan en los libros de autoayuda, pero una cosa es saber qué deberíamos hacer y otra muy distinta hacerlo.

Evidentemente, hay métodos y técnicas que te pueden ayudar a cumplir con alguna de esas teorías, pero de nada sirven todas esas herramientas si tú no eres el primer convencido de su utilidad.

De todo lo que he leído y probado, creo que lo más efectivo es el poder de los hábitos: ser capaz de hacer algo de manera rutinaria, hasta interiorizarlo y hacerlo sin que te cueste esfuerzo. Como, por ejemplo, aprender a conducir.

El primer día que me subí a un coche pensé: “¿cómo voy a ser capaz de mirar a todos estos espejos, a la carretera y encima conducir?”. Al cabo de un tiempo, te subes al coche y no tienes que pensar nada más que en conducir, porque has sido capaz de automatizar todas las acciones… ¿cómo? A base de repetir y repetir.

Porque no nos engañemos, si quieres aprender algo, necesitas practicar… y cuanto más lo hagas, probablemente, mejor serás en esa disciplina.

Esto, por supuesto, en lo que a ti te compete, porque en lo que no puedes influir es en la capacidad de los otros… y he aquí el otro gran problema que veo en esto de la efectividad.

Por muy bien que conduzcas tú y mucho que practiques, incluso haciendo cursos de reciclaje o pilotaje avanzado, siempre vivirás rodeado de gente que no sabe utilizar los intermitentes, y eso terminará afectando a tu efectividad, ya que no conducimos solos en un circuito cerrado, sino que tenemos que interactuar con el resto de automóviles.

Hace unos años participé en unos talleres de mindfulness, ya sabéis aquello de estar consciente en el momento presente y demás, y lo cierto es que muchas de las cosas que contaron yo ya las aplicaba (o lo intentaba) de manera intuitiva, pero lo que veía más complicado era hacer que lo aplicaran la gente que me rodea: compañeros, jefes, clientes…

En cualquier caso, lo que tengo claro es que si no empiezas por uno mismo y predicas con el ejemplo, no tiene sentido pedirle nada a los demás, que de esos también hay unos cuantos…

¿Y a qué viene esta entrada? Pues simplemente porque me he dado cuenta de que llevaba 2 semanas sin publicar nada y eso me ha llevado a pensar que estaba perdiendo el hábito de escribir… y eso que hay un montón de cosas interesantes que he ido recopilando en estas semanas, pero no he llevado a la práctica alguna de las frases que comentaba al inicio del post y después pasa lo que pasa…

Tranquilos, ya estoy de vuelta… y prometo “castigaros” con nuevos artículos.

No os aburro más, ¿la última y nos vamos? 😉

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